jueves, 13 de septiembre de 2012

RAMÓN COLUMBA. Por Germán Cáceres (segunda parte)


Qué es la caricatura es un ensayo escrito por Columba que comienza con su definición: “es un destello, una chispa que busca iluminarnos el alma”. Aclara que la palabra es de origen italiano y que la inventaron a fines del año 1500 los pintores Carracci, de Bolonia. Más adelante sostiene que “El retrato es la reproducción exacta del modelo, sin excluir detalle alguno del mismo (...) La caricatura, por el contrario, cuanto más escasa de líneas, vale más.”/”El retrato hasta puede resultar la caricatura de un instante; en cambio, la caricatura es el retrato eterno. ”  Desde entonces la caricatura ha recorrido un largo y variado camino y hoy resulta difícil intentar una nueva definición. Más aún, se ha nutrido del cartoon y del humor gráfico –incluso de la pintura-, y las expresiones y estéticas de todas estas vertientes suelen confluir. Sin embargo, las reflexiones del autor siguen siendo válidas y, además, están enriquecidas por abundantes datos sobre la historia gráfica y el aporte de los grandes creadores. En los trabajos que presenta el libro, en general Columba sigue los principios que expuso en la entrevista, y las caras son casi bosquejos que captan la expresión y los rasgos del eventual modelo. Pero también se encuentran algunos obras en las que subvierte la realidad y recurre a la sátira, como en el caso de la “Exposición Rural”, cuyo público está formado por animales que contemplan el desfile de seres humanos, entre ellos el ex presidente Arturo Frondizi. También hay caricaturas no exentas de sarcasmo, como la de Winston Churchill convertido en perro bulldog.


En 1907, con sólo quince años, es nombrado taquígrafo del Senado de la Nación; en 1927, asciende a director y se retira en 1946. Esa extensa permanencia dio lugar a innumerables caricaturas que reunió en los tres tomos de El Congreso que yo he visto, del cual Juan Pablo Echagüe opinó: “Ningún testimonio como éste, emanado de un testigo directo, podrá dar a los investigadores del futuro una noción tan viviente y tan amena de lo que fueron las costumbres parlamentarias, las ideas y los hombres del período que él abarca.” 

Páginas del libro "Qué es la caricatura", de Ramón Columba

Estos volúmenes están acompañados por abundantes textos y numerosas fotografías. En cuanto a las caricaturas,  en general son sintéticas, realistas, de simples líneas, pero en varios trabajos se acerca a la ilustración por la utilización del gris y una línea espontánea y ágil (por ejemplo, en las de José Evaristo Uriburu y de Antonio de Tomaso;  en la estilizada silueta de perfil de Tomás de Anchorena, o en el bello rostro de Alfonsina Storni).


Asimismo emplea la sátira, como en la composición en la que se ve a Figueroa Alcorta poniendo el candado a una especie de maqueta del Congreso; o al estudioso Del Valle Iberlucea al borde de ser sepultado por libros. Muy frecuentemente Hipólito Irigoyen aparece llevando un caparazón de peludo a sus espaldas. Y llega al sarcasmo en la boda entre Repetto y Palacios, con Enrique Dickman que oficia de monaguillo y les dice: “Qui sian filices”. Ramón Columba confiesa que en este último veía “el político que más ´atractivos´  ofrecía a mi lápiz irreverente de caricaturista”. Y lo deformaba sin piedad: a veces parecía un mono y otras, un batracio. Este diputado interviene en “Políticos en remojo”, ilustración cercana a la estampa humorística.


En Marcelino Ugarte se aproxima al retrato, y en “La lección de Anatomía, por Rembrandt” alcanza un magnífico logro plástico, en donde se ve -en un claroscuro de fuertes contrastes- a Hipólito Irigoyen en la mesa de operaciones rodeado por los golpistas. En la representación estilizada de Mario Bravo (con “su chambergo, su melena y su aburguesado bastón”, como lo describe Columba), sobrevuela un aura de clasicismo.

Respecto a la escena que muestra las paredes de una calle de Buenos Aires colmada de propaganda de Estanislao S. Zevallos, se podría decir que emplea la estética de una viñeta de página entera, como la que presenta un salón de la Casa Rosada en el que Sáenz Peña preside una reunión de ministros que bailan entre ellos.

Página del libro "El Congreso que yo he visto", de Ramón Columba

La caricatura de Alfredo Palacios es de un simbolismo magistral: un sombrero de mosquetero, con su enorme pluma blanca, chato y negro que oficia como una especie de lámpara, y unos imponentes bigotes colgados de su soporte.
En Juan B. Justo, quien soporta estoicamente las molestias ocasionadas por una pierna enyesada, obtiene una representación gráfica de excepción, en la que intervienen el ornato y la textura.


Los tres tomos abarcan un período que va desde 1906 a 1943: eran décadas en las cuales los hábitos y convenciones cotidianos estaban desbordados por la inocencia y la ingenuidad, y ese espíritu se aprecia en todas estas caricaturas, que son parte indiscutible de nuestra historia política, que, a pesar del nombrado candor, no escatimaba ni la crueldad ni la traición. Porque, como afirmaba Columba en Qué es la caricatura, cuando ésta “comenzó a hacer incursiones en el terreno de la política, a fines del siglo XVIII, elevó su estatura y se convirtió en un arma incisiva y rebelde”.

Germán Cáceres

Página del libro "Qué es la caricatura", de Ramón Columba

Bibliografía

 -Columba, Ramón, El Congreso que yo he visto. Editorial Columba, Buenos Aires, 1978.
-Columba, Ramón, Qué es la caricatura. Editorial Columba, Buenos Aires, 1959.
“Editorial Columba y la Historieta Sudamericana”, http://comicscolumba. blogspot.com.ar.
-“El Tony”, en http:// www.historieteca.com.ar.
-Sanguiliano, Héctor Sanyú, 100 años de historieta en el mundo/ La historieta en la historia argentina. Aiglé Ediciones, Buenos Aires, 1997.
-Siulnas, Aquellos personajes de historieta (1912-1959). Puntosur Editores, Buenos Aires, 1986.