martes, 1 de mayo de 2012

“El Mexicano” de Jack London, ilustrado por Edu Molina.


Crítica de “El Mexicano” de Jack London, ilustrado por Edu Molina.
La palabra ilustrada.

Por Santiago K
El año pasado se cumplieron 100 años de la publicación de El Mexicano, libro-novela de Jack London. Para conmemorar dicho centenario, la editorial Nostra, de México, reeditó el texto adaptado gráficamente por Edu Molina.

Esta historia es, según algunos, uno de los mejores y más representativos (aunque menos conocido) de los cuentos largos del autor estadounidense cuyo verdadero nombre fue John Griffith Chaney. London fue uno de los muchos que, más que escribir aventuras, las vivieron. Antes de morir por decisión propia en 1916, publicó más de 50 volúmenes de historias basadas en sus vivencias como viajero intercontinental. Y no le faltaron anécdotas ni experiencias, pues empezó a recorrer el orbe a los 16 años y ya no paró. Cazó focas en el mar de Bering, buscó oro en Alaska y trabajó como corresponsal de guerra en Manchuria y el sur de África, entre otras cosas. Todo esto le dio un trasfondo imprescindible a la hora de entender los motivos por los que el hombre hace lo que hace en las situaciones más extremas que el mundo u otro hombre o grupo de hombres le impone.

Y El Mexicano es un relato de extremos, de límites. Nos presenta a Rivera, un joven que participa en la preparación de la revolución mexicana de 1910. Ese es el primer límite: el de la paciencia del explotado, que ya no tiene marcha atrás y se ve representada en este caso en el protagonista, una herramienta inhumana de la revolución. Es solo un peón, con conciencia de serlo, que esta dispuesto a darlo todo por el levantamiento del pueblo mexicano contra su opresor. No tiene amigos, no tiene familia, no tiene cariño, no tiene sentimientos, no tiene otra necesidad ni objetivo más que el de ver la revolución concretada. Y, como un pequeño comentario previo al análisis más exhaustivo de la obra, creo que Molina consigue plasmar esta idea perfectamente en su adaptación. La historia se quiebra en el momento en que el comite de la revolución necesita dinero para la compra de armas final previa al día clave. No hay dinero, ¿de dónde sacarlo? Rivera, como boxeador aficionado que descubre en este deporte que no le gusta una fuente de recursos para el comité, retará a un gran boxeador a una pelea donde el ganador se queda con todas las apuestas. Llevado por la confianza, el boxeador rival (norteamericano, alegorizando entonces con esta lucha el enfrentamiento real EE.UU. - México) acepta.

La Obra.

Conocí a Edu Molina por primera vez con Animal Urbano, personaje que co-creó en los 90 con Tato Tabat y que fue guionizado casi en su totalidad por Guillermo Grillo. Y hay que reconocer que desde la última edición en papel de “Animal” por parte de Domus, en el 2006, a esta que nos ocupa, Molina ha dado un salto cuántico.

Aprendiz de Breccia, se nota en Molina un cambio en el grueso y el detalle de su trazo que, para mejor, le otorga mucha más profundidad y riqueza a su trabajo. Las imágenes y los diálogos están perfectamente representadas por la mano del dibujante, que no escatima enfoques, recursos ni claro-oscuros a la hora de adaptar el texto original.

Un pequeño dato a destacar es el de que si bien ha ganado muchísima personalidad en los últimos años, su trazo recuerda a veces al de su maestro. Esto no es, por supuesto, algo que funcione en detrimento de la obra, al contrario. El ojo avisor ve en algunas manos de perspectiva extraña, en algunos rostros, en algunas tramas, el pincel eterno del artista plástico - que nadie quiso reconocer como tal - perpetuado en el trazo de Molina. Hay veces en las que quien escribe esto vio también una resemblanza a Greg Capullo (Spawn), especialmente en las escenas más detalladas (aunque eso es una opinión propia con la que bien pueden discrepar).

A diferencia de otros trabajos similares, los diálogos están diseñados como un diálogo de historieta, con globos y generalmente enfoques en primer plano de aquel que habla. Rompe, sin embargo, la unidad de la típica página de historieta el hecho de que no aparecen muchas viñetas delimitando la acción. Por el contrario, Molina lleva los ojos del lector de un lado al otro de la página sin utilizar este recurso y valiéndose solamente de la fluidez y la disposición de sus dibujos. Trazos salvajes de negro sobre blanco o viceversa dividen a veces las situaciones en espacios diferentes,

Muchos critican las adaptaciones de cuentos y novelas a historieta por el armado final que muchas obras de este tipo tienen. Artistas como Lalia o Breccia que se han encargado de dibujar a Poe y Lovecraft fueron acusados de resultar demasiado esquemáticos, generando una obra que parece más un cuento ilustrado que una historieta en sí. Por lo general el dibujo acompaña al texto y difícilmente aparezcan globos de texto o diálogos, haciendo la lectura no tan llevadera. Dicen que “entre este tipo de adaptación y un texto acompañado de algunas ilustraciones no hay diferencia”. Permítanme discrepar, al menos en este caso.

Molina no se resigna a dibujar los hechos. Recurre a metáforas, exageraciones y representaciones libres del texto de London, añadiendole una riqueza (y una especie de co-autoría) que supera a cualquier adaptación objetiva y limitada al texto o la acción descripta. Al momento de dibujar metáforas o dibujos referentes a la revolución, resulta muy interesante ver como la narración gráfica cambia hacia lo simbólico y vemos a un Rivera mezclado, homogeneizado con criaturas y símbolos adaptados del estilo de “los muertitos” mexicanos, esos graffitis/serigrafías con Catrinas (evolución de la deidad Mictecacíhuatl, esquelética diosa azteca de los muertos) y esqueletos caricaturizados que reconocemos como asociados al festejo del Día de Muertos. Rivera esta acompañado y convive con la muerte, pero no lo hace por nada. La revolución, presente en cientos de mexicanos sobre sus espaldas, lo empuja y lo levanta cada vez que cae. El dibujante recurre a este elemento constantemente; London lo escribe, Molina lo reafirma: no estamos frente a un revolucionario cualquiera. Rivera ES la revolución.

Como nota final, es de destacar el logro de Molina al representar el sentimiento que London tenía por su personaje al escribir. Este mostró a Rivera como alguien a quien no apreció ni despreció. London se limitó a contar sus vivencias en forma tal que, a pesar de que queda muy claro qué es lo que siente el mexicano frente a la revolución y el enemigo a derrotar, no sabemos qué sentir por él. ¿Compasión, pena, aborrecimiento, odio? Rivera actúa por un objetivo que podemos considerar acorde a nuestros pensamientos, pero sus sentimientos nos repelen. No podemos creer que para una causa tan noble sea necesario tanto odio en una sola persona aunque nos damos cuenta también de que es el odio lo único que lo mantiene de pie y le permite hacer aquello que nadie más puede hacer. El trazo de Molina no tiene piedad tampoco con Rivera. La expresión del personaje es siempre la misma. Mientras que todos los demás a veces demuestran en forma exagerada las pasiones que el mexicano no puede, no quiere mostrar, la cara de Rivera esta llena de líneas de enojo o disgusto, volviéndolo a veces extremadamente arrugado y cínico. El dibujante lo encorva, lo vuelve menos humano y más bestia, cada trazo demuestra odio y furia ante una situación que le arrancó todo. A diferencia de los otros, Rivera es el único que se dibuja con ojos fríos o en completa oscuridad, siendo un par de pupilas blancas, infernales, lo único visible entre las sombras de la cara.

Me ha mirado con esos ojos que tiene... No aman, amenazan. Son tan fieros como los de un tigre salvaje. Estoy seguro de que si se demostrara que yo era traidor a la causa, me mataría. No tiene corazón. Es implacable. Es penetrante y frío como el hielo. Es como los rayos de luna que una noche de invierno alumbran a un hombre que se congela en la cima de una montaña solitaria. No les tengo miedo ni a Díaz ni a todos sus asesinos, pero este chico... a él sí le tengo miedo. Te lo digo de verdad. Estoy asustado. Es el aliento de la muerte.”